Miedo escénico. Decían que lo sufrían los contrincantes del Real Madrid que visitaban el Bernabéu en tiempos; y lo ha sufrido a Joaquín Sabina el otro día en un concierto (a estas alturas de la película…?). No sé a ciencia cierta qué es realmente el miedo escénico pero seguramente se asemeje bastante a enfrentarte cada día a un “folio” (digital, claro) en blanco. Especialmente si, como parece que sucede hoy, los recursos de inspiración utilizados habitualmente deciden haber adelantado sus vacaciones y te dejan en el más absoluto abandono.

Tampoco debería ser nada demasiado grave analizando las cosas en profundidad. Este blog tiene un contenido bastante aceptable (424 entradas en año y medio aproximadamente son una cifra como para sentirse medianamente satisfecho), bastante variado y con alguna entrada incluso buena!. No tengo firmado ningún compromiso con nadie, además, que me obligue a escribir cada día ni a hacerlo en unas condiciones concretas ni a una hora determinada… Así que, el factor estrés o presión no influye (o no debería, al menos) en este caso.

Sin embargo, a pesar de que el compromiso es absolutamente personal (y precisamente a lo mejor por eso mismo) la angustia de que pasen las horas y no salte la chispa que detone el mecanismo que te hace escribir con una cierta soltura se acrecienta y no hace otra cosa que aumentar el desasosiego.

El escenario que estoy describiendo, al margen de que puediera ser real hoy mismo y me pueda estar sucediendo realmente, se le puede presentar a cualquiera que decida liarse la manta a la cabeza y lanzarse a publicar un blog.

Porque, evidentemente, deberá tener un calendario de publicaciones y una periodicidad establecida que, salvo causas justificadas de fuerza mayor, debería cumplirse siempre. Y hay que tener previsto el contenido y los temas necesarios que permitan garantizar el cumplimiento de esa programación y el tiempo disponible para dedicar a la escritura, revisión, maquetación, búsqueda de fotografías, implementación de técnicas de posicionamiento y publicación del blog.

No todo es tan sencillo, aunque a veces pueda parecerlo cuando desde este mismo foro animamos constantemente a lanzarse a crear contenido propio.

No quiero, con esto, desanimar a nadie, por supuesto. La creación de nuestro propio contenido es la herramienta más potente que tenemos a nuestra disposición para poder posicionarnos y visualizarnos como expertos en nuestro sector y conocedores del mismo en profundidad, y para que nuestros potenciales clientes nos perciban como diferentes a todos nuestros competidores. Cuando creamos contenido y lo lanzamos a las redes sociales estamos poniéndole toda nuestra esencia, todos nuestros matices, toda nuestra pasión. Lo mimamos hasta el extremo para que el resultado final sea el mejor posible bueno y adaptado a lo que nuestros clientes quieren leer.

Es un trabajo duro, constante, laborioso y que exige dedicación. Pero con esa magia y ese retorno que una solo una felicitación, un compartido o una simple lectura anónima que suma en la estadística de vistas puede conseguir. El retorno de saber que, de un modo u otro, lo que has hecho gusta. Y eso… eso es impagable!

(Al margen, por supuesto, de todas las ventajas que tiene para el posicionamiento, la diferenciación, la visualización y el engagement que tiene y que estamos hartos de leer a diario en este y otros blogs de marketing)

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