Buenos días #fun4Shoppers!! Son las doce del mediodía y el #fun4Break está recién salido del horno para disfrutarlo calentito, con un café y cinco minutos por delante.

En el post de ayer comparábamos «jefes con líderes» haciendo referencia, aunque un poco de refilón, a un aspecto fundamental; ya no solo en las empresas sino en la vida cotidiana. Tanto empresarios como trabajadores, somos trabajadores que luchamos con el objetivo primordial de alcanzar un mínimo de retribución que nos permita vivir, y de ahí en superación. Poco durará la implicación y la motivación de ningún miembro de nuestros equipos de trabajo a quien le endosemos un salario low-range.

Se cuenta como chiste, sin embargo se constata muy a menudo como una realidad palpable: “Fíjate si el trabajo será malo, que te pagan por hacerlo”. Y es que la calidad de la remuneración de tu equipo de trabajo, de tus colaboradores o de las tareas, encargos o favores que se externalizan por no tener tiempo o capacidad para llevarlas a cabo de primera mano es un tema vital de cara a conseguir un trabajo de calidad y una implicación máxima.

De nada sirve llenarse la boca de palabras como motivación, implicación, pasión o entrega. El componente motivacional más alto (y es un dato objetivamente comprobado) de la mayoría de trabajadores y directivos a todos los niveles es la remuneración por el trabajo realizado.

Y sí, se puede motivar al equipo, se le puede hacer partícipe del resultado, se le puede implicar para que se parte del proyecto. Pero siempre partiendo de la base de que se sienta remunerado. Si no, cualquier cosa que hagamos en ese sentido no solo no conseguirá los objetivos motivacionales pretendidos sino que puede volverse en nuestra contra.

Por supuesto que debemos trabajar la motivación. Por supuesto que debemos fomentar la pasión por el trabajo y por los proyectos comunes. Creamos en nuestro equipo y hagámosle sentir indispensable dentro del mismo. Si, por supuesto que sí. Pero seamos muy consecuentes con que nuestras acciones respalden nuestras palabras.

Y viene esto al caso porque, con más frecuencia de lo que debería, se están dando casos de bajadas constantes en las remuneraciones e incluso de pedir y exigir trabajo sin ningún tipo de remuneración que no sea 100% a éxito en base a resultados.

Amparándose en la mala situación económica y en el creciente número de personas que se encuentran en situación de desempleo, es cada vez más frecuente encontrarse “empresarios” que exigen implicación a remuneración cero. Piden trabajo, implicación y entrega, pero no dan nada a cambio. No ofrecen ni cubrir los gastos indispensables que se soportan para acometer los trabajos encomendados. Estamos llegando a un punto en que pagamos por trabajar. Y eso, en mi humilde opinión, en un primer estadio debe de ser lo más desmotivante que te puedes encontrar, y en un segundo estadio para la empresa estoy seguro de que supone pérdida de credibilidad y, por tanto, un quiebro para su competitividad.

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